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30 Años en una Botella de Agua

El viaje del agua mineral S.Pellegrino empieza en las montañas Val Brembana, a 1.300 metros de altitud. Se trata de un largo viaje de 30 años en el que el agua adquiere las características y el sabor que la convierten en un producto único.

El agua procedente de la lluvia y el deshielo penetra cientos de metros bajo tierra hasta encontrar depósitos de caliza. A partir de ese punto, el agua circula horizontalmente y más despacio; el proceso de mineralización que caracteriza el agua S.Pellegrino empieza con el contacto con las rocas.

Entonces, poco a poco el agua desciende hasta una profundidad de más de 500 m bajo el nivel del mar, donde encuentra un depósito de creta impermeable que la obliga a volver a la superficie, alcanzando el manantial de San Pellegrino Terme a 358 m de altitud.

Durante este lento proceso el agua se mantiene aislada y protegida del medio exterior. Adquiere una fórmula mineralógica estable que no varía ni con las estaciones ni con el medio externo.

Desde el momento en el que el agua sale a la superficie, S.Pellegrino la recoge sometiéndola a inspecciones constantes desde el proceso de embotellado hasta que llega a la mesa.

Para asegurar que el agua mineral S.Pellegrino se mantiene inalterada hasta su consumo, y para apreciar sus mejores características, hay que recordar tres simples reglas:

1. Hay que guardar las botellas en un ambiente fresco y ventilado, apartado de la luz solar y de aquellas substancias que podrían alterar el sabor del agua;

2. Un par de horas antes de abrir la botella, conviene refrigerarla a 8-10 °C, la temperatura ideal para poder apreciarla;

3. Para evitar que las burbujas se dispersen, es mejor usar vasos con una base amplia y un borde estrecho. Se aconseja no añadir hielo o limón para no alterar su sabor.

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